Este jueves se inauguró en el MALBA “Olga de Amaral. Cuerpo Textil”, una muestra que celebra a la artista colombiana, gran impulsora del Fiber Art tanto en Latinoamérica como en el resto del mundo.

Que la primera impresión no engañe a nadie; el simple e inocente Nudo 24 (2016) —una cortina de lino pintada de un rojo eléctrico y anudada en su inicio— que recibe a los visitantes en cuanto suben la escalera hacia el segundo nivel demuestra el objetivo de Amaral (Bogotá, 1932), así como el recorrido que las curadoras proponen.

Cada nuevo tapiz llevará a preguntarse “¿y qué más se puede tejer?”. A través de más de cincuenta obras, las fibras pasan de colgar libres del techo, sin cruzarse en ningún momento, a descubrir patrones cada vez más complejos y compactos, hasta que la lana pase a convertirse en piedra sagrada dorada frente a los ojos de los espectadores.

La muestra es un trabajo de María Amalia García, curadora en jefe del MALBA, en colaboración con la curadora francesa Marie Perennès, quien ya había estado a cargo de la obra de la artista en su exposición en la Fundación Cartier en París, 2024.

De esta manera, el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires arranca con fuerza el ciclo 2026 y da inicio a las celebraciones por los 25 años del museo, a cumplirse en septiembre.

Atando cabos

El paso por la primera sala es tanto una sorpresa en sí misma como una promesa sobre lo que está por venir. Las Brumas (2014), una serie de miles de hilos de colores brillantes que cuelgan atravesados por haces de luces imaginarios, materializa el deseo de Olga de ir más allá, luego de más de medio siglo activamente en el arte, con las posibilidades del tejido. El resultado, fibras que ya no caen trenzadas o anudadas, sino que se suspenden libres y se vuelven lienzo para el cinetismo y el arte óptico.

La sala principal será, luego, un relato cronológico del experimento de la artista plástica por tomar el telar tradicional andino —con materiales como la lana, el lino, el algodón y el crin de caballo—, despojarlo de la noción de simple “artesanía” y poner al límite todas sus dimensiones. Así, los nudos dan lugar a los ensambles con nódulos, los telares a las piezas libres y los tejidos pequeños a los metros de altura.

Imponente e imposible de no ver, en el centro de la sala se expone tan solo uno de los dieciséis nódulos que formaban el Gran Muro (1976), una obra que medía originalmente 35 metros de altura cuando ocupaba su lugar en el Peachtree Plaza Hotel en Atlanta. El módulo que se puede ver en el museo, no menos impactante en su singularidad, mide más de tres metros de alto.

Como pequeñas motas de oro, el dorado se empieza a hacer más presente en cada pieza. La introducción de la artista plástica a la práctica japonesa del Kintsugi, la reparación de cerámicas con oro, la llevó a recubrir tapices enteros con gesso y luego con hojas de oro para hacerlas resplandecer como metales.

Su colección Alquimia es el paso previo al secreto que esconde la última sala pequeña y circular: Estelas. El algodón abandona su carácter textil para volverse un círculo de megalitos dorados que transportan a quienes caminan a su alrededor a historias mitológicas y los hacen sentir parte de un rito de antaño.

“Ella siempre dice que una piedra puede contener el secreto del universo”, decía Marie Perennès en un video presentación de la artista durante la conferencia inaugural el jueves.

Olga de Amaral no solo representa el Fiber Art de Latinoamérica —un movimiento que surgió en los años 60 para emancipar los tejidos de su carácter decorativo—. Para las curadoras, la artista colombiana se merece el título de cofundadora del movimiento junto a sus colegas y eminencias Sheila Hicks y Magdalena Abakanowicz.

Desde el comienzo de su carrera, ha realizado cerca de cien exposiciones individuales y ha participado de otras cien colectivas. Algunos de sus trabajos integran colecciones permanentes dentro del Banco de la República de Colombia, el MoMA y el Metropolitan Museum de Nueva York, el Museo de Arte Moderno de París y el de Kyoto.

La muestra se podrá disfrutar hasta el 11 de mayo. Av. Pres. Figueroa Alcorta 3415, CABA.


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