Sostenida en una brillante interpretación de Luciano Cáceres, se estrenó este sábado “Paraíso” en el Teatro San Martín. Con versión de Dany Mañas y dirección de Ignacio Rodríguez de Anca, la obra sacude los estereotipos de la masculinidad a partir de una premisa argumental provocativa: un exitoso empresario recibe un trasplante de corazón, y su mundo empieza a transformarse cuando se entera que la donante es una prostituta dominicana.

Una mujer

El corazón de Juan Valero, ascendente figura del turismo corporativo, comienza a latir diferente. A sentir diferente. No es sólo un conjunto de válvulas que mecánicamente distribuyen la sangre por el cuerpo.

El nuevo corazón trae recuerdos y sentimientos que el frío y calculador empresario nunca antes había experimentado. Empatía, gratitud, miedo, dolor. No es que de pronto entra en contacto con su lado femenino. Es el alma de su donante, Jessica, la que se apodera de su cuerpo.

Un tornado

La pregunta que dio origen al texto fue: ¿qué sucedería si un hombre poderoso, un empresario de éxito, recibiera el corazón de una mujer situada en sus antípodas sociales y vitales?”, explica la autora de la pieza, la española Inmaculada Alvear.

¿Podrían trasladarse con ese corazón deseos, recuerdos o emociones? Así nació la historia de Juan y Jessi, dos mundos opuestos obligados a convivir en un mismo cuerpo. Paraíso se mueve entre la ficción y la reflexión, y propone al espectador una experiencia que no busca certezas, sino abrir una grieta de duda sobre cuánto de lo que somos habita, también, en nuestro corazón”, concluye.

Jardín primitivo

El dispositivo escénico (a cargo de Victorio Bello) combina cámaras en vivo y proyecciones que complementan la literalidad narrativa en los monólogos de Juan Valero. La poderosa puesta audiovisual (diseño de imagen de Sonia Frickx, puesta de video de Miguel Álvarez y Mateo Sapire, y asistencia artística de Verónica Mc Loughlin) recrea el mundo real y el imaginario por el que transcurre la crisis de identidad del protagonista.

Yo

“Ya no tengo ni puta idea de quien soy”, grita Juan en solitario en medio de la sala, atrapado en una doble vida que cada vez le cuesta más sostener mientras lucha por comprender, aceptar e incluso intentar apropiarse de las emociones y la vida de Jessica.

Saltando

El ritmo de la obra propone un vertiginoso ida y vuelta entre las torres de Puerto Madero y los barrios bajos de República Dominicana o las calles de Constitución. El personaje se ve cegado por lo contrastes de las luces corporativas y las sombras del submundo de la prostitución y la marginalidad.

En su crisis de identidad, Juan nos habla de desigualdad, ambición, corrupción, de las formas de la masculinidad y la violencia, la identidad, el deseo, el amor y la familia.

Cuando los momentos de humor hacen reír a la audiencia, sin aviso previo llega el golpe de realidad que la deja en situación incómoda y obliga a la reflexión.

Reflexión sobre un mundo ficcional donde se impone el individualismo, la falta de empatía, la obsesión por el éxito empresarial y la explotación laboral. Un mundo peligrosamente parecido al real.

Sala Cunill Cabanellas. Funciones de miércoles a domingos a las 19.30 horas, hasta el 29 de marzo. Localidades $21.000 – Miércoles $12.000. Av. Corrientes 1530, CABA


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