Con Mike Portnoy de regreso en la batería y un nuevo disco, las leyendas del metal progresivo Dream Theater se presentaron nuevamente en Buenos Aires como parte de la gira de presentación de su disco Parasomnia, con su formación original completa y una noche que se extendió por tres horas a pura potencia y virtuosismo en el Movistar Arena.
James LaBrie (voz), John Petrucci (guitarra), John Myung (bajo) y Jordan Rudess (teclados) dan forma definitiva a este complejo monstruo de cinco cabezas e infinidad de variantes, melodías, ritmos y solos con los que además repasaron los clásicos de sus cuatro décadas de trayectoria.
La primera parte del show fue Parasomnia entero y en el mismo orden que el disco de estudio, con Night Terror como momento más destacado. Un impecable James LaBrie manejando a la perfección los tiempos y el escenario, en una banda que cuando quiere viaja por los intrincados caminos del progresismo instrumental, pero también sabe cuando ofrecer sus buenas canciones, estribillos y melodías.
Pasan así los ocho temas del último disco (obra conceptual dedicada a los trastornos del sueño, con cama incluida en el escenario) y luego de The Shadow Man Incident, Portnoy desde su posición de liderazgo en lo alto de su trono de mil platillos y tambores llama a una pausa. Se encienden las luces del estadio de Villa Crespo, y un merecido descanso para los veteranos de innumerables batallas épicas.
Lo que vendría después fue sencillamente demoledor. Lo más pesado, intenso y brutal que la banda sabe ofrecer, duplicando la apuesta a ocho temas más y extender el show hasta pasada la medianoche.
The Enemy Inside, A Rite of Passage, Through my Words, Fatal Tragedy, The Dark Eternal Light Peruvian Skies y Take The Time hicieron explotar el estadio con un Petrucci en modo superhéroe de la guitarra y Rudess sacando todos los trucos de su galera, intercambiando solos como artillería pesada.
A toda velocidad se colaron guiños de complicidad musical con la audiencia, con citas que fueron desde lo progresivo de Pink Floyd (Comfortably Numb) hasta el trash de Metallica (Wherever I may Roam), para jugar con los límites del género.
Para el cierre, la extensa A change of seasons agotando todos los recursos posibles y dejar cuerpo, alma y mente en casi 25 minutos cerraron una noche histórica.
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