Hace 13 años, el grupo musical bosnio Dubioza Kolektiv lanzó su hit «U.S.A.», una explosiva ska polka que parodia los sueños americanos de sus compatriotas que idealizan la vida en Estados Unidos, y que proféticamente se convirtió en el himno de la selección de su país en el Mundial 2026.

«Yo soy de Bosnia, llévame a América / Quiero ver la Estatua de la Libertad / Ya no puedo esperar más, llévame a Estados Unidos, a ver el Golden Gate, me voy a asimilar«, comienza la canción, poniéndole voz en primera persona al estereotipo de migrante balcánico.

Hoy, 1° de julio de 2026, el equipo sureslavo se enfrentará Estados Unidos, nada menos que en San Francisco, la ciudad del icónico puente dorado. Cuando Bosnia logró la clasificación ante Italia este año, la canción se volvió viral, con nuevo video y letra en lengua local para cumplir con su propia profecía.

En la original, luego de sus primeras dos estrofas donde se repiten los clichés del sueño americano, con cohetes al espacio, conocer al presidente y obtener la green card, el estribillo canta «El día que todo termine vas a entender, que hay que volver a las raíces mi amigo, que no hay lugar como la madre patria«.

Entre acordeones y secciones de vientos la letra se pone cada vez más crítica, dejando atrás las ilusiones de su pegadizo inicio: «Esperaba encontrar lo que necesitaba, ser libre como un pájaro / No ser empujado en un ghetto como una oveja en su rebaño / Todas las promesas que había escuchado resultaron palabras vacías, completamente desconectado del resto del mundo«.

Hilando fino, la canción en inglés es una actualización de un tópico clásico en la cultura balcánica: emigrar de la turbulenta y empobrecida región del sur europeo en busca de nuevas oportunidades de vida y económicas, siguiendo el promocionado «sueño americano». Y los consecuentes sentimientos de nostalgia (y arrepentimiento) al darse cuenta que el pasto no siempre es más verde en el patio del vecino.

Quien mejor expresó este sentimiento fue del legendario Šaban Bajramović, probablemente la mayor figura de la música yugoslava del siglo XX, con su tema «Prokleta Je Amerika I Zlato Sto Sja» («Maldita seas América y el brillo de tu oro»). Allí le canta al dolor de las madres que despiden a sus hijos que van detrás del dinero y los espejitos de colores que les esperan al otro lado del mundo.

La canción caló hondo en la cultura popular de la región hasta convertirse en un impredecible himno deportivo. Cuando Serbia quedó en segundo puesto del Mundial de Básquet 2014 tras perder la final contra Estados Unidos, su estribillo sonó en todo Belgrado cuando se recibió a los subcampeones en los balcones de la Asamblea Nacional. Y no hay verano no se haga viral algún video de Nikola Jokić cantándola en una taberna, una vez liberado de sus obligaciones como uno de los mejores jugadores de la NBA.

El destino hizo el resto para que todos los planetas queden alineados esta noche en la costa del Pacífico norteamericano. Con Bosnia en su eterno rol de subestimado, incluso con periodistas norteamericanos presumiendo de su propia ignorancia al no poder ubicar el país en el mapa. Enfrentados abiertamente al relato oficial del organizador, marchando por las calles con banderas palestinas, causa a la que le dedican sus goles en pleno partido. Con la misión de derribar al gigante organizador en su propia tierra entonando su canto de guerra con precisión providencial: «Mandale saludos a tu líder, no quiero tu green card, quiero volar como un cohete de regreso a los Balcanes«.


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