En restaurantes clandestinos y bares secretos los habitantes de Beijing esquivan las normas covid

Cenar en restaurantes clandestinos, beber en bares secretos o esconder los síntomas del covid: algunos residentes en Beijing desafían las estrictas normas anticovid que las autoridades chinas empiezan a relajar.

«Estaba bastante escondido, no podías ver las luces en el segundo piso desde fuera», dice una residente que visitó a un restaurante clandestino de estofados.

La chica se topó con el local en Xiaohongshu, el equivalente chino de Instagram, mientras buscaba lugares para comer en interiores en Pekín.

Cuando fue, estaba «lleno» de gente. «Estaba muy feliz por comer fuera, pero al mismo tiempo sentía que tuve que librar una lucha clandestina», dice la mujer que pide mantenerse en el anonimato.

China se encuentra en un punto de inflexión en su estrategia ante el virus, después de casi tres años estancada en duras restricciones que contuvieron exitosamente los brotes iniciales pero causaron malestar público.

Tras las mayores protestas del país en décadas, varias ciudades, incluida la capital, empezaron a suavizar la obligatoriedad de presentar test positivos para entrar a determinados lugares y los medios estatales comenzaron a minimizar los riesgos del virus.

Esta relajación llevó a algunos residentes a desafiar las reglas. Publicaciones de restaurantes y cafés que sirven en interior, algo prohibido en gran parte de la ciudad, circulan por redes sociales con cientos de «me gusta».

Un expatriado que pide no ser nombrado explica a la AFP que recientemente disfrutó de un estofado de cordero y pinchos de carne en otro local clandestino.

«Los trabajadores no me dejaban entrar y decían que solo hacían comida para llevar», explica. «Pero cuando dije que mis amigos ya estaban arriba, me guiñaron el ojo y me pidieron que escaneara el código QR» antes de entrar.

«No puedo soportarlo más»

Otro expatriado en Pekín reconoce que vio un partido del Mundial de fútbol en un club nocturno clausurado, que emite en secreto los encuentros de Catar para asistentes invitados solo por el boca a boca.

Después de una ruta laberíntica a través de un hotel vecino y un estacionamiento de coches llegó al club, cerrado por fuera. En el interior, los clientes veían discretamente el partido sin mascarilla.

«Fue tan surrealista pasar por tantos filtros», afirma.

Un bloguero de comida en Pekín que recientemente publicó un texto sobre un bar abierto en secreto asegura que la gente está harta de la situación.

«No puedo soportarlo más. Espero que reabran lo antes posible», dice el bloguero, apellidado Sui, a la AFP.

Dos de estos residentes también creen que se contagiaron de covid en los días recientes, en los que padecieron fiebre y tos.

Pero rechazaron someterse a un test PCR que podría haberlos llevado a quedar encerrados o, todavía peor, enviados a un centro de cuarentena.

Algunas comunidades en el distrito céntrico de Chaoyang empezaron discretamente a permitir que algunos residentes positivos por covid pasen el periodo de aislamiento en casa, en un importante desvío del manual antipandemia de China.

«Es mejor esperar y recuperarse en casa» sin someterse a un test PCR o entrar a espacios públicos, dice uno de los expatriados, admitiendo que «se sentía un poco rebelde».

«Realmente quiero tener covid para acabar con esto. Me he sentido tan harto en los últimos dos días», explica a la AFP una pekinesa que, en caso de contagiarse, se quedara en casa y esperara a superar los síntomas.

«Sé que la gente positiva puede hacer la cuarentena en casa ahora. No quiero que el gobierno sepa si tengo covid o no», señala.

Por Laurie Chen | AFP

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