Catedral de San Sava: el nuevo bastión ortodoxo de los Balcanes

A 85 años del inicio de su construcción, la catedral de San Sava de Belgrado se acerca cada vez más a la fecha de inauguración, que la convertirá oficialmente en el mayor templo ortodoxo de los Balcanes y uno de los más grandes del mundo.

El gobierno serbio se ha puesto como objetivo terminarla antes que finalice octubre, contando para esta monumental tarea con el apoyo de Rusia y de su poderosa Iglesia Ortodoxa. El apuro por inaugurarla lo antes posible se enmarca en las crecientes tensiones que durante los últimos meses han protagonizado el Islam y el cristianismo ortodoxo a ambos extremos de la frontera turca.

Erdogán, el otomano

A lo largo del año el presidente Recep Tayyip Erdogan ha abierto frentes de conflicto simbólicos, comerciales y militares con todos sus vecinos ortodoxos. El 10 de julio decretó que Santa Sofía, la emblemática basílica ortodoxa bizantina devenida en mezquita durante el Imperio Otomano y luego en museo y patrimonio de la Unesco durante el siglo XX, volviera a ser un templo islámico.

La Iglesia Ortodoxa Rusa había advertido que la reconversión de Santa Sofía como mezquita sería una “amenaza a toda la civilización cristiana, y por lo tanto a nuestra espiritualidad e historia”, según había sentenciado su máxima autoridad, el patriarca Kirill.

En agosto Turquía tuvo una escalada militar y comercial con Grecia, al exigir una revisión de sus derechos de explotación de gas en el Mediterráneo. Las maniobras de guerra de sus destructores en el Egeo pusieron en alerta a la OTAN y la Unión Europea, en un conflicto que se mantiene latente y está directamente conectado con Chipre.

La isla está dividida de facto desde que Turquía ocupó el norte en 1974, a pesar de que mantiene oficialmente un gobierno grecoparlante reconocido por la UE. Desde que los barcos turcos comenzaron a realizar perforaciones de prueba en el mar del norte de Chipre, el conflicto siguió escalando.

El domingo 18 de octubre el nacionalista Ersin Tatar, apoyado por Ankara, fue elegido  “presidente” de la autoproclamada República turca de Chipre del Norte. Tatar obtuvo el 51,7% de los votos, que respaldan su programa de dividir la isla mediterránea en dos Estados soberanos; y venció así al saliente socialdemócrata Mustafa Akinci, crítico de Turquía y partidario de una reunificación de Chipre en forma de Estado federal.

Tatar juró hoy como nuevo presidente y ya anunció que su primera visita al extranjero será a Turquía el 26 de octubre, gracias a la invitación del presidente Erdogan.

Hacia el Este, Turquía también reavivó un foco de conflicto dormido en el Cáucaso con otro de sus vecinos ortodoxos, Armenia; al apoyar directamente a su aliado Azerbaiyán en la escalada bélica por la región de Nagorno Karabaj.  

El Ministerio de Exteriores armenio condenó la participación directa de Ankara en las hostilidades contra su país, que no deja de recordarle a la comunidad internacional como antecedente el genocidio perpetrado por los turcos en 1914 .

Heridas que no cierran

No es casualidad que el presidente serbio Aleksandar Vučić haya apodado a la catedral la “nueva Santa Sofía”. El templo está dedicado a San Sava, príncipe y santo del siglo XII que fue el fundador y primer arzobispo de la Iglesia Ortodoxa Serbia, reconocido como una de las figuras más importantes en la historia medieval de este país. Está construido en el municipio de Vračar, sobre una colina donde presuntamente sus restos fueron incinerados en 1595 por los turcos otomanos.

Está llamado a ser la respuesta ortodoxa al renovado expansionismo turco en una región que hace siglos no puede resolver la convivencia entre musulmanes y cristianos de manera definitiva. En este mosaico de nacionalidades y credos hicieron pie los imperios Bizantino, Otomano y Astro-Húngaro. Fue escenario del inicio de la primera Guerra Mundial y de los últimos genocidios y limpiezas étnicas que tuvieron lugar en territorio europeo, durante la desintegración de Yugoslavia en los 90.

La cúpula celeste de la Catedral de San Sava se eleva hasta los 27 metros y pesa 4000 toneladas, dominando así la silueta de la ciudad. Está llamada a competir con la fortaleza de Kalemegdan por el puesto número uno como atracción turística e imagen icónica de la capital serbia. Su estructura y estilo arquitectónico están inspirados en Santa Sofía, con una mezcla de motivos serbios y bizantinos.

Pero además sirvió para reforzar los lazos entre los gobiernos de Serbia y Rusia, históricos aliados en la región. Tanto el patriarca ortodoxo Kirill como el presidente Vladimir Putin gozan de gran popularidad entre los serbios, cuya población es ortodoxa en un 88%.

La hermandad eslavo-ortodoxa que une a ambos países  también fue fundamental para el financiamiento de la obra: en agosto pasado Vučić agradeció a su par Putin y al gigante petrolero ruso Gazprom la donación de 10,5 millones de euros que permitieron avanzar con la finalización de la obra y decoración de los últimos mosaicos.

 “Creo que la presencia del presidente Putin en la inauguración de la magnífica Catedral de San Sava no sólo fortalecerá nuestros lazos culturales y religiosos, sino también los que unen a nuestro  pueblo y nuestra nación con la Iglesia Ortodoxa Serbia”, sostuvo Vučić  al invitar formalmente al titular del Kremlin a asistir a la apertura oficial del templo.

Texto: Mariano García

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