Armenia es la última pieza del dominó postsoviético que se le está escurriendo de las manos al presidente ruso, Vladímir Putin, desde que estallara la guerra en Ucrania, debido a sus aspiraciones a integrarse en la Unión Europea (UE).

Si Ucrania y Moldavia rompieron lazos con Moscú hace años, y Azerbaiyán ha elegido a Turquía como su aliado estratégico, ahora le ha tocado el turno al pequeño país caucásico limítrofe con Irán, que celebra elecciones legislativas el próximo domingo.

Armenia, que tuvo a principios de mayo su primera cumbre con la UE, ha congelado su participación en la alianza militar liderada por Moscú debido a lo que muchos en el país consideran «traición» de Putin a Ereván en su guerra con Azerbaiyán por el control del territorio de Nagorno Karabaj.

Por las buenas o por las malas

Putin intenta mantener por la fuerza a Armenia en la órbita rusa. La fuerza no es la base militar rusa de Gyumri, sino las presiones diplomáticas -el embajador ruso fue llamado a consultas- y las múltiples sanciones aprobadas en cuestión de dos semanas contra las importaciones armenias.

A día de hoy, los armenios no pueden exportar al mercado ruso flores, verduras, agua mineral, vino, coñac, fresas y pescado, un serio revés para la economía nacional.

Además, Moscú enarboló el fantasma de la subida de los precios del gas -de 177 dólares a 600 por cada mil metros cúbicos-, una palanca a la que el gigante Gazprom suele recurrir para amedrentar a los países vecinos.

Putin, que llamó hoy al primer ministro armenio, Nikol Pashinián, insiste en que el conflicto no es político, sino «puramente económico» -es imposible compaginar el acercamiento a la UE y la pertenencia a la Unión Económica Eurasiática (UEE), según Moscú-, aunque la realidad es que las presiones han coincidido con la campaña electoral en Armenia.

Moscú ha intentado promover a varios candidatos para hacerle sombra a Pashinián, pero esta política no ha hecho sino aumentar la intención de voto del líder armenio en las encuestas.

El empresario ruso-armenio Samvel Karapetián, que está en arresto domiciliario, era la gran esperanza de Putin, pero es que la doble ciudadanía le invalidaba desde un principio como candidato, según la legislación electoral.

Además, según medios independientes, el Kremlin ha lanzado una campaña mediática de desprestigio de Pashinián y estudia financiar el viaje a unos 100.000 votantes armenios residentes en Rusia.

Fuente: EFE


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